Hay frases que una persona recuerda toda la vida.
Una de ellas es:
"Tiene un cáncer de próstata."
En ese momento aparecen el miedo, la incertidumbre y una pregunta que casi todos los pacientes me hacen durante los primeros minutos de la consulta:
" … ¿y ahora qué?"
Es una reacción completamente normal.
Muchos hombres piensan inmediatamente en una operación urgente, en tratamientos agresivos o en las secuelas que han oído contar a otras personas.
Internet tampoco ayuda. En pocos minutos pueden encontrarse con información contradictoria, historias personales muy diferentes y, en ocasiones, datos poco fiables que aumentan todavía más la preocupación.
Sin embargo, la realidad es mucho más tranquilizadora de lo que la mayoría imagina.
No todos los cáncer de próstata son iguales y, en muchos casos, existe tiempo suficiente para estudiar la enfermedad con calma y elegir el tratamiento más adecuado.
Uno de los errores más frecuentes es pensar que todos los cáncer de próstata se comportan de la misma manera.
No es así.
Existe cáncer de próstata de baja malignidad, poco volumen y de crecimiento extremadamente lento que pueden permanecer estables durante años sin poner en peligro la vida del paciente.
Otros presentan un comportamiento más agresivo y requieren un tratamiento precoz.
Precisamente por eso, el primer objetivo tras el diagnóstico no es decidir rápidamente un tratamiento.
El primer objetivo es conocer exactamente qué tipo de cáncer tiene ese paciente.
Solo entonces podremos decidir cuál es la mejor opción.
Cuando un paciente llega a la consulta después de una biopsia positiva, todavía quedan muchas preguntas por responder.
Necesitamos conocer:
No tratamos únicamente un tumor.
Tratamos a una persona.
Y cada paciente tiene circunstancias diferentes.
Probablemente esta sea la pregunta que más escucho en consulta.
La respuesta sorprende a muchos pacientes.
En la mayoría de los casos, no.
A diferencia de otros tumores, el cáncer de próstata suele crecer lentamente.
Eso significa que disponer de unos días o incluso algunas semanas para completar el estudio y valorar las diferentes alternativas no suele empeorar el pronóstico.
Al contrario.
Tomar una decisión precipitada puede llevar a elegir un tratamiento que quizá no era el más adecuado.
La mejor decisión casi nunca es la más rápida.
Es la mejor informada.
El tratamiento no siempre consiste en operar.
Este es otro aspecto que genera mucha confusión.
Muchas personas asocian automáticamente el diagnóstico de cáncer con una cirugía.
Sin embargo, actualmente existen diferentes opciones terapéuticas y no todas pasan por el quirófano.
Dependiendo de las características del tumor, la edad del paciente y sus preferencias, pueden plantearse distintas alternativas, entre ellas:
Cada una tiene indicaciones concretas.
Por eso es tan importante individualizar cada caso.
Vivimos en una época en la que la tecnología ocupa un lugar muy visible.
Es lógico que muchos pacientes pregunten directamente por el robot Da Vinci.
La cirugía robótica representa un avance importante y ofrece ventajas, especialmente cuando lo maneja un urólogo con experiencia.
Pero conviene recordar una idea fundamental.
La tecnología nunca sustituye al criterio del cirujano.
El robot no toma decisiones.
No interpreta una resonancia.
No decide si un paciente necesita cirugía o vigilancia activa.
Todo eso sigue dependiendo de la experiencia del equipo que lo atiende.
La tecnología es una herramienta extraordinaria cuando está en las manos adecuadas.
Hace años, el objetivo principal era curar el tumor. Hoy ese objetivo sigue siendo prioritario.
Pero también buscamos preservar al máximo la calidad de vida del paciente.
Por eso, antes de indicar cualquier tratamiento valoramos aspectos como la continencia urinaria, la función sexual, la actividad laboral, las enfermedades asociadas y las expectativas personales.
No existe un tratamiento ideal para todos.
Existe el tratamiento más adecuado para cada paciente.
Otra preocupación frecuente consiste en pensar que todo termina tras la operación o la radioterapia.
En realidad, comienza una nueva etapa.
El seguimiento permite controlar la evolución mediante revisiones periódicas, analíticas de PSA y, cuando es necesario, pruebas complementarias.
La inmensa mayoría de los pacientes recuperan progresivamente su vida habitual y continúan realizando sus actividades cotidianas.
Cuando un hombre entra en la consulta tras recibir un diagnóstico de cáncer de próstata, rara vez necesita que le hable primero de robots, de técnicas quirúrgicas o de porcentajes.
Lo primero que necesita es saber que no está solo y que existe un plan.
Le diría algo parecido a esto:
"Entiendo perfectamente que estés preocupado. Pero antes de tomar cualquier decisión necesitamos conocer bien tu enfermedad. En la mayoría de los casos disponemos del tiempo necesario para hacerlo con calma. Mi trabajo no consiste únicamente en operar cuando hace falta. Consiste en ayudarte a entender todas las opciones y recomendarte la que mejor se adapte a tu situación."
Muchas veces, esa conversación reduce más la ansiedad que cualquier prueba médica.
Escuchar las palabras "tiene un cáncer de próstata" cambia muchas cosas. Pero no significa que todas las decisiones deban tomarse con urgencia.
Hoy disponemos de herramientas diagnósticas muy precisas y de tratamientos cada vez más personalizados.
La clave está en estudiar bien cada caso y decidir con información, experiencia y tranquilidad.
Porque el primer paso para tratar un cáncer de próstata no siempre es una operación.
Con frecuencia, el primer paso es una buena explicación.
Si buscas información contrastada puedes visitar el blog del Dr. Rodríguez, en donde hay artículos sobre cáncer de próstata como:
- Entrevista Dr. Rodríguez "Vida después de un cáncer de próstata"